La clase del jueves 27 de enero fue corta y se centró principalmente en el archiconocido tema de la Ley Sinde (o, como la conocemos muchos, ley Sinde-rechos). En uno de sus apartados, esta ley propone el cierre de páginas web dedicadas a descargas de contenido audiovisual: series, películas, música.
Personalmente, creo que la Ley Sinde no lleva a ninguna parte. Si siempre estamos afirmando que una de las grandes ventajas de Internet es la de poder compartir datos entre usuarios, ¿por qué este caso habría de mirarse de otra manera? Con que se reconozca el mérito del autor, en principio, debería bastar. Probablemente, si se razonara adecuadamente y se propusiera a los usuarios de estas páginas (entre los que me incluyo), éstos estarían dispuestos a pagar una pequeña cuota de más en sus tarifas por las descargas y los beneficios obtenidos podrían ser destinados a ayudar a los autores. Evidentemente no es una cantidad equiparable a lo que ganarían vendiendo todos sus dvd’s originales, pero sería una salida a un problema que, de una forma u otra, nos afecta o nos acabará afectando a todos.
Otro de los puntos débiles de la Ley Sinde es que es imposible impedir que los usuarios consigamos todo el material que nos propongamos. Si se cierran, por ejemplo, Series Yonkis y Cinetube en España, podemos seguir accediendo a una enorme cantidad de contenidos audiovisuales descargándolos de páginas latinas o sajonas. ArgentinaWarez es la única que recuerdo haber usado ahora mismo. Al margen de que la oferta televisiva en España suele dejar mucho que desear (en especial, en cuanto al tratamiento que se le da a las series extranjeras) y al mismo tiempo en consecuencia de ello, los usuarios queremos materiales nuevos y la posibilidad de verlos en cuanto se emiten en su país de origen. La maratón de Cuatro con Perdidos, sin duda, fue una clara apuesta por ello (aunque hubiera algunos fallos durante la emisión y se “comieran” un trozo del season finale).
Series Yonkis suele tener actualizados semanalmente los capítulos de casi todas las series que ofrece. Subtitulados, sin subtitular, y probablemente en buena calidad (dependiendo de la serie). Con las películas hay que esperar a que saquen la versión en DVD, pero poco después de las fechas de estreno suelen aparecer las primeras en screener. ¿No sería mejor facilitar desde un principio una versión online de la película, para ese espectador que prefiere disfrutar de ella desde su sofá con sus palomitas de microondas?
Sin embargo, no sólo están las páginas de descargas. YouTube contiene infinidad de vídeos subidos en distintas calidades, la gran mayoría de los cuales son descargables mediante programas específicos. Vdownloader, por ejemplo, sirve para descargar vídeos de páginas como YouTube (exclusivamente vídeos, aunque ofrece la posibilidad de descargar en distintos formatos tanto de vídeo como de audio). También está Jdownloader, que es un acelerador de descargas que aprovecha cuanto puede el ancho de banda que se tenga contratado. Esto permite tener temporadas enteras descargadas mientras veía el capítulo piloto de una serie. Y no sólo sirve para sitios como Megaupload y Raphidshare, sino también para páginas como YouTube: con tan sólo copiar el enlace, Jdownloader lo captura y muestra las opciones disponibles para descargar el vídeo elegido.
El motivo de esta pequeña explicación, aunque pueda parecerlo, no es promocionar las páginas de descargas y los programas útiles para aprovecharlas. Es, simplemente, el de exponer mediante ejemplos el hecho de que los usuarios contamos con innumerables vías de acceso a los contenidos que buscamos. Por tanto, la Ley Sinde, además de poco popular, se quedaría muy corta si de impedir las “descargas ilegales” se trata. Incluso podría producirse un descenso en el número de descargas (consumir un vídeo o una canción no necesariamente implica poseerlo en el formato que sea: Spotify es un buen ejemplo de ello), pero no variaría el de copias originales compradas.
Otro tema abordado durante esta clase fue el de la creencia general en la veracidad absoluta de todo lo que se emite en los medios (“tiranía de la comunicación”). En mi opinión, se está produciendo una “crisis de fe” respecto a los medios: antes algo que salía en la televisión era indudablemente cierto, ahora el público se cuestiona más de dónde sale lo que ve. Una fotografía era una prueba irrefutable de que algo había sucedido en un momento y lugar concretos, ahora se duda de si es un buen montaje o una imagen real capturada.
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